La mayoría de los conflictos empresariales no nacen de personas mal intencionadas. Nacen de contratos mal redactados.

En mis más de 20 años de ejercicio profesional he visto el mismo patrón repetirse una y otra vez: dos partes que confiaban la una en la otra, que trabajaron juntas durante meses o años, que llegaron a un punto de quiebre porque el contrato que firmaron no decía con precisión lo que cada una esperaba del acuerdo.

El contrato no es un trámite. Es la arquitectura de tu relación comercial. Y como toda arquitectura, si la base está mal diseñada, tarde o temprano el edificio se cae.

“Un contrato bien redactado no es el que más cláusulas tiene. Es el que resuelve las ambigüedades antes de que se conviertan en conflictos.”

Dra. Claudia León Manosalva

A continuación, los cinco elementos que reviso en cada contrato que analizo o redacto en Lema Legal. Si tu contrato tiene los cinco, estás bien protegido. Si le falta alguno, tienes un riesgo abierto.

Elemento 1. Identificación precisa de las partes

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¿Quién contrata con quién?

Parece obvio, pero es el error más frecuente. El contrato debe identificar a las partes con su nombre completo o razón social exacta, número de identificación (NIT o cédula), domicilio y representante legal si es una empresa.

❌ Mal: “Entre la empresa XYZ y el proveedor…”
✓ Bien: “Entre XYZ S.A.S., con NIT 900.123.456-7, representada legalmente por [nombre], identificado con cédula [número]…”

¿Por qué importa tanto? Porque si hay un incumplimiento y decides demandar, necesitas saber exactamente a quién le estás cobrando. Una razón social incompleta o un NIT incorrecto puede darte problemas de notificación que retrasen años tu caso.

Verifica también que quien firme tenga facultades para hacerlo. Si es una empresa, el firmante debe ser el representante legal o tener poder notarial expreso. Un contrato firmado por alguien sin facultades puede declararse nulo.

Elemento 2. Objeto claro y específico

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¿Qué se acordó exactamente?

El objeto del contrato es la descripción precisa de lo que se va a hacer, entregar o prestar. Debe ser tan específico que no deje margen para interpretaciones distintas entre las partes.

❌ Mal: “El proveedor prestará servicios de asesoría a la empresa.”
✓ Bien: “El proveedor prestará servicios de asesoría financiera mensual que incluyen: (a) análisis de flujo de caja, (b) proyecciones a 3 meses, (c) un informe ejecutivo mensual antes del día 5 de cada mes.”

Cada vez que un cliente viene a consultarme un conflicto contractual, lo primero que hago es leer el objeto del contrato. En la mitad de los casos, el conflicto ya está ahí: un objeto tan vago que permite dos lecturas completamente distintas.

Si tu negocio presta servicios de consultoría, diseño, desarrollo de software, capacitación o cualquier actividad intelectual, el objeto debe incluir entregables específicos, no solo actividades genéricas. La diferencia entre “asesoría en marketing digital” y “gestión mensual de redes sociales incluyendo 12 publicaciones en Instagram, 8 en LinkedIn y un informe de métricas” es la diferencia entre un contrato débil y uno protegido.

Elemento 3. Precio, forma y plazos de pago

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¿Cuánto, cuándo y cómo?

El contrato debe especificar: el valor total o la forma de calcularlo, si incluye o no IVA, los plazos de pago, la forma de pago (transferencia, efectivo, cheque), y qué pasa si el pago se retrasa.

✓ Bien: “El valor del contrato es de $5.000.000 COP + IVA, pagaderos así: 50% al firma del contrato y 50% a la entrega final. En caso de mora, se cobrará un interés del 1.5% mensual sobre el saldo pendiente.”

Muchos contratos detallan muy bien qué se va a hacer pero son vagos en cuándo y cómo se paga. Esto abre la puerta a retrasos crónicos sin consecuencias formales para quien no paga.

Un elemento que frecuentemente se omite es la cláusula de intereses moratorios. Sin ella, si tu cliente te paga tarde, no tienes derecho automático a cobrar un costo financiero por esa demora. Con ella, el incentivo para pagar a tiempo es concreto y económico.

También es recomendable establecer si el precio incluye desplazamientos, licencias de software, materiales o cualquier otro costo que podría generar discusión después.

Elemento 4. Obligaciones detalladas de cada parte

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¿Qué debe hacer cada uno?

Un contrato no es solo lo que tú te comprometes a entregar. También es lo que el cliente debe hacer para que puedas cumplir: información que debe proveer, aprobaciones a tiempo, acceso a sistemas, pagos previos, y cualquier otro insumo que necesitas para ejecutar el trabajo.

✓ Ejemplo: “El cliente se compromete a proporcionar acceso a las plataformas digitales requeridas dentro de las 48 horas siguientes a la firma del contrato. El incumplimiento de esta obligación suspende los plazos del proveedor en proporción al retraso.”

Este punto protege principalmente al prestador del servicio. Si el cliente demora en entregar información, en dar aprobaciones o en hacer pagos previos, y no hay una cláusula que regule eso, puedes quedar atrapado en una situación donde te exigen cumplir plazos mientras te bloquean para hacerlo.

Las obligaciones del cliente también deben incluir cómo se aprueban entregables. Sin un proceso claro de aprobación, puedes encontrarte con clientes que piden rondas infinitas de revisiones sin que haya un momento definitivo de cierre.

Elemento 5. Causales de terminación y sus consecuencias

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¿Qué pasa si algo sale mal?

Todo contrato debe contemplar: cuándo puede terminarse anticipadamente, quién puede hacerlo, con qué preaviso, y qué consecuencias económicas tiene esa terminación para cada parte.

✓ Ejemplo: “Cualquiera de las partes puede dar por terminado el contrato con 30 días de aviso escrito. Si el cliente termina sin justa causa, deberá pagar el 30% del valor restante del contrato como indemnización pactada.”

La terminación anticipada sin una cláusula clara es una de las fuentes más frecuentes de litigio. El cliente cancela el proyecto a mitad, y el proveedor no tiene una base contractual sólida para cobrar lo que ya invirtió en tiempo y recursos.

También es importante distinguir entre la terminación por justa causa (incumplimiento grave de la otra parte) y la terminación por decisión unilateral sin causa. Las consecuencias económicas deben ser diferentes.

El elemento adicional que pocos incluyen y todos necesitan

Más allá de los cinco elementos anteriores, hay uno que recomiendo a todos mis clientes empresariales: la cláusula de resolución de conflictos.

Esta cláusula establece qué mecanismo usarán las partes si hay un desacuerdo. Las opciones son la negociación directa, la conciliación extrajudicial, el arbitraje o la demanda judicial ordinaria. Cada una tiene costos, tiempos y características distintas.

En mi experiencia, las empresas que incluyen una cláusula de arbitraje o conciliación en sus contratos resuelven sus conflictos en semanas, no en años. Y con costos significativamente menores que un proceso judicial.

Lista de verificación: tu contrato está protegido si tiene:

  • Identificación completa de ambas partes (NIT, representante legal, domicilio)
  • Objeto del contrato con entregables específicos y medibles
  • Precio, forma de pago, plazos e intereses de mora
  • Obligaciones del cliente (información, aprobaciones, accesos, pagos previos)
  • Causales de terminación y consecuencias económicas para cada parte
  • Cláusula de resolución de conflictos (conciliación, arbitraje o judicial)

Lo que debes hacer ahora

Si tienes contratos vigentes, el primer paso es revisarlos con esta lista. No para entrar en pánico, sino para identificar si hay riesgos abiertos que puedas cerrar antes de que sean un problema.

Si estás a punto de firmar un nuevo contrato, tómate el tiempo para leerlo con calma. Pregunta lo que no entiendas. Negocia lo que no te convenga. Y si el monto o la importancia del acuerdo lo ameritan, consulta con un abogado antes de firmar.

El costo de revisar un contrato antes de firmarlo es siempre menor que el costo de resolver el conflicto que nació de no haberlo hecho.